
La imagen no puede ser más ilustrativa. Se trata de Leo Messi segundos después de firmar el primero de sus tres goles ante el Real Mallorca. El argentino celebró el tanto mirando a la cámara de televisión y mostrando primero su dedo pulgar, el índice después y el dedo medio al final. Un festejo que cuando terminó el partido aclaró que no se trataba de un mensaje a todos aquellos que le han criticado por no marcar en tres partidos. Tampoco tiene que ver con las dianas que tenía pensado firmar anoche; más bien de un guiño hacia un amigo suyo, que considera el 123 como un número especial. Sea o no cierta su versión, sobre el verde pareció otra cosa. La que fue.
Y es que la Pulga puso punto en boca a todas las voces chirriantes que le acusaban de desánimo, de mal agüero de cara a puerta. Le bastó a Messi media hora para finiquitar esas dudas. El Barcelona arrolló al equipo de Joaquín Caparrós como mejor sabe, pero sin la presencia de Xavi (en la grada) e Iniesta, lo que otorga más valor al triunfo incontestable. Pero no estuvo solo en la fiesta el Diez, porque se unió la entrega, el derroche y las buenas intenciones de Isaac Cuenca, que dio la razón a Pep Guardiola y su filosofía, que se culminó con la entrada de otra perla, Gerard Deulofeu. Para colmo, Dani Alves, en el alargue, clavó un zapatazo inapelable para Aouate.




