No es precisamente que a los equipos españoles que participan en la Copa de la UEFA, les haya tocado peritas en dulce en el sorteo de los dieciseisavos de final, pero tampoco es para estar descontentos. Sevilla-Steaua de Bucarest, Celta de Vigo-Spartak de Moscú, Osasuna-Girondins y Espanyol-Livorno son los emparejamientos. Rivales con nombre de sobra conocidos, pero que ni por asomo alcanzan el nivel de sus mejores tiempos.
Recordemos que al Sevilla, defensor del título, le iba a tocar un equipo que proviniera de la Champions, así que cruzarse con el Steaua es para estar contentos teniendo en cuenta que su rival podría haber sido el Werder Bremen por ejemplo. A los rumanos ya les hemos visto gracias a estar situados en el grupo del Real Madrid, y de todos es sabido que es un equipo muy flojo en el cual el único jugador que realmente apunta maneras es Dica. Muy lejano a aquel Steaua que conquistó la Copa de Europa, y con el que el Sevilla no debería tener ningún problema para plantarse en la siguiente ronda. Unos octavos en los que se cruzaría con el vencedor de la eliminatoria Shaktar-Nancy.

Hace diez años se disputó una jornada de octavos de final de la Copa de la UEFA. En ella, como en la de esta semana, el Real Betis era eliminado, en su campo, ante un rival semidesconocido. Ese rival era nada menos que el Girondins de Burdeos francés. Aquel equipo, proveniente de la primera edición de la Copa Intertoto, había ido dejando en la cuneta, poco a poco y sin hacer demasiado ruido a rivales de diferente entidad. Karlsruhe, Vardar Skopje y Rotor de Volvogrado, verdugo del Manchester United, fueron sus víctimas.

