
Hace poco más de una semana en Argentina se tiraban de los pelos después de conocer la propuesta de Julio Grondona y sus aliados de la AFA de convertir el campeonato argentino en algo así como la comedia del fútbol mundial, unificando la primera división con la segunda y ‘regalando’, con una medida sin precedentes, el regreso a la máxima competición de ya no sólo un River Plate que muy mal lo debía hacer para no ascender, sino de hasta quince equipos más que formarían parte de un revolucionario torneo que, por suerte, y en medida gracias al incontable número de críticas destructivas —poco se podía construir ante tanto escombro hecho idea—, no será tal.
La liga argentina seguirá tal y como está, con sus promedios, con un River Plate que tendrá que luchar como el que más si quiere abandonar su particular infierno y con otros grandes —como Boca Juniors— en apuros que deberán también dejarse la piel para no repetir la historia del conjunto millonario. Grondona ha echado marcha atrás en su voluntad de unificar un campeonato que, por lo pronto, no tendría más aliciente la próxima temporada (que a punto está de comenzar), que de saber el nombre del campeón. Nadie bajaría ni nadie descendería. Un caos, una idea tan rebuscada y rechazada que al eterno presidente de la AFA no le ha quedado otra que recular, a pesar que hace unos días aseguraba que «no hay marcha atrás».

Hace cosa de un mes se confirmó lo que muchos presagiaban: 


