Corría el minuto 54 del partido entre Hamburgo y Sttutgart. El conjunto de Bruno Labbadia goleaba (0-3) sin paliativos al local, en una dolorosa derrota fácilmente ampliable. Fue entonces cuando el guardameta Steven Ullreich se desplazó hasta el banderín de córner para proteger un balón. Entre tanto, Paolo Guerrero, alias el ‘Depredador’, iniciaba un slalom donde una mezcla de frustración y locura hicieron acto de presencia: sin dudarlo, se lanzó con los tacos por delante hacia la pierna del portero rival, a media altura, suficiente para provocar una lesión que no sufrió.
La reacción del colegiado fue inmediata y mandó a los vestuarios a Guerrero, que se sobreexcedió creyéndose su apelativo, otorgado por su teórica facilidad a la hora de perforar porterías. El delantero avergonzó a sus compañeros. Para Thorsten Fink, su entrenador, la imagen del peruano «nos duele. Internamente, habrá algo» y para el capitán, Heiko Westermann, «estas acciones dañan a sí mismo Paolo y a todo el equipo». Guerrero será sancionado duramente por una entrada en la que perdió los papeles. Eso sí, sin él sobre el verde, el Stuttgart solo encajó un gol más (0-4).



