Hay cosas y casos en el fútbol que a veces cuestan de entender. Incomprensible fue por ejemplo la pasada temporada del Valencia, pues se cobró muchas víctimas, algunas de ellas inocentes. Fue el caso de hombres como el retirado Santi Cañizares, David Albelda o Miguel Ángel Angulo, quienes pagaron los platos rotos de un Ronald Koeman que llegó arrasando y que se fue corriendo y por la puerta de atrás. El holandés, sin embargo, rescató del ostracismo al portero que, al comienzo del curso pasado, tenía como misión lograr lo que hasta entonces ninguno había conseguido: desbancar de la partida a Cañete.
Hildebrand fue fichado el mes de julio de 2007 siendo, posiblemente, el mejor guardameta alemán del momento. Sus destacadas actuaciones en el Stuttgart, con el cual alcanzó el subcampeonato en la Bundesliga el año 2003 y el título en 2007 y el récord de imbatibilidad, en su último año en Alemania, con la nada despreciable cifra de 884 minutos sin recoger un esférico de dentro de su portería, le acreditaban. La anterior marca era propiedad del histórico Oliver Kahn, un meta amado y odiado a partes iguales pero cuya calidad siempre fue indiscutible. Ese dato, pues, habla de la seguridad, del guardián bajo palos en el que se convirtió Timo en su país natal. Renunció a seguir en Stuttgart para dar el gran salto. Un gran salto que, un año y cinco meses después tiene un inesperado final.


Dos veces disparó el Valencia y veinte el Barça. Empate a unos al final. ¿Resultado justo? No, porque aunque sea de forma ligera, Eto’o toca voluntariamente el balón con la mano en el gol del empate de Xavi. Aún así, es un buen resultado para los de Ronald Koeman de cara a la vuelta en Mestalla.


