
Hace poco tiempo escribí un post en el que señalaba algunas diferencias entre las selecciones de España y Argentina. Vamos, casi nada, poquita cosa. Hoy no voy a extenderme en la misma idea, pero sí en cambio voy a aportar varios apuntes que a mi juicio explican el por qué nuestro combinado nacional carece del espíritu propio de grandes equipos, imprescindible claro está para ganar cualquier campeonato.
Hay tanto que no sé por donde empezar. Primero por Xavi. Ahí tenemos al estupendo mediocentro de España, que en pleno descuento el otro día provocó una tarjeta. La idea, claro está, era perderse el encuentro ante Liechestein para afrontar con seguridad el trascendental y dificilísimo choque ante Islandia. Espero que no pensaran otra cosa. O sí. Hay algunos mal pensados, como ha dicho Albelda esta mañana en sala de prensa, que insinúan por ahí que el jugador del Barcelona se quitó del cartel pensando en afrontar el derbi de la ciudad condal desde el lunes, sin tan siquiera efectuar consulta previa con el entrenador. Me niego a creerlo, porque dudo que en ese gran y compacto grupo que forma España haya tal falta de compañerismo, o si no me explican ustedes con que cara mira el blaugrana a sus colegas internacionales del Madrid o del Sevilla, o al mismo Ángel del Celta.
En cualquier caso, sea casualidad, como me inclino a pensar, o no, lo que está claro es que el mero hecho de que esa tarjeta le deje fuera del grupo y le exima de viajar a Liechestein me parece una vergüenza. Y expongo mis razones tirando de las tan gustosas diferencias. Evidentemente, Poulsen no va a jugar el siguiente partido contra Dinamarca. El jugador, al que por cierto le está cayendo la del pulpo por el recadito que le dio a un amigo sueco, podría aprovechar, salir de su país y preparar la jornada con el Sevilla que está metido en la pelea. Pero no. Poulsen es danés. Y en Dinamarca, a parte de un loco con 20 cervezas encima que se salta a un campo para pegarle a un árbitro, que no es poco, hay una selección seria, que le pide a su jugador que se quede con sus compañeros, como debe de ser, nada de desbandadas y tal.



