
Esa frase que reza que son las plantillas y no los equipos los que ganan las ligas es tópica pero no por ello menos cierta. En la Bundesliga tenemos un claro ejemplo de ello, con el sorprendente y atractivo Hoffenheim, ese equipo humilde que un soñador, DIetmar Hopp, a base de una gestión modélica ha conseguido colocar en la cima del fútbol alemán. Hace unas semanas conocíamos la desagradable noticia de la rotura de ligamentos de Vedad Ibisevic, delantero bosnio de 24 años que esta campaña estaba intratable cara a puerta, aspirando claramente a la bota de oro, hasta el punto de sumar 18 tantos en 17 choques. Y esa lesión, a pesar de que arriba el Hoffenheim tiene otros recursos interesantes arriba, como Demba Ba u Ogbuke, lo cierto es que la contundencia que aportaba Ibisevic se echa de menos con creces.
La vuelta a la competición tras el parón invernal no le ha sentado bien al Hoffenheim. La victoria ante el Energie Cottbus fue sólo un espejismo. La semana pasada empató de milagro en casa del Borussia Monchengladbach, colista de la categoría y este viernes fue arrollado en su propia casa por el Bayer Leverkusen por un contundente 1-4. Este fin de semana se enfrentan en Berlín el Hertha y el Bayern, segundo y tercer clasificado de la Bundesliga. Los primeros están empatados a puntos con el Hoffenheim, mientras que el Hertha se encuentra a sólo dos puntos. Ello implica que el ganador del cruce entre muniqueses y berlineses se convertirá en líder de la Bundesliga, posición que lleva ocupando casi de forma ininterrumpida desde el comienzo del campeonato.



