
Parece mentira que un equipo procedente de una población de no más de 50.000 habitantes sea capaz de conseguir colocarse entre los ocho mejores equipos del continente. Un dato más para dar que pensar a los grandes grandes, que quizás no llegan a comprender que el fútbol va más allá de un saco de dinero, más allá de los nombres propios, y mucho más allá de la fama, la prensa y el prestigio.
El Villarreal selló su pase a los cuartos de final de la Liga de Campeones por convicción, por fútbol y por garra. Se tambaleó en los primeros minutos, como cualquier amateur ante un escenario como el Oaka de Atenas, con esas 66.000 voces volcadas con el color verde del Panathinaikos. Pero pudo sobreponerse a ello. Y lo que fue mejor: pudo olvidar su nulidad de cara a porterÃa del partido de ida y volvÃa a intentarlo, una vez tras otra. Qué suerte que existan futbolistas como Ariel Ibagaza, que no se achican ante las adversidades, ni ante la falta de vista de los colegiados.







