
El Burrito Ortega había dicho en la previa del primer Superclásico del año que River iba a pasar por arriba a Boca. Hablar en las antesalas de esta clase de partidos siempre es arriesgado. Y aunque Ortega fue el mejor de los suyos se acabó tragando las palabras. Puede que el Burrito haya sido preso de la ilusión que ha transmitido Simeone desde que llegó a Núñez. Pero la realidad es que las ideas del Cholo todavía no calan en su nuevo equipo. El balance es una victoria ante Racing, un empate con Indepediente y una derrota frente a Boca. Pero ni siquiera la victoria ante la Academia da crédito, pues se logró en el tramo final del choque después de que incluso los de Mico fueran mejores que los millonarios.
El verano argentino se va consumiendo y el Clausura está a la vuelta de la esquina. Después de unos años amargos sin levantar nada, en el Monumental la presión por vencer es tremenda. Simeone debía saber en que banquillo se iba a sentar y tras la derrota de ayer ya hay algunos que comienzan a dudar de su capacidad. Porque River fue como una gaseosa, que empieza con fuerza y poco a poco va perdiendo presión hasta quedarse sin burbujas. Es verdad que a River se le ve una actitud diferente a otros años, al menos ayer el equipo salió a pegar bocados. Pero lo hizo sin ningún orden, comenzó embistiendo duro a Boca, jugando más a lo loco que con criterio, excesivamente acelerado.




