Desde el momento en que Luis Enrique anunció su intención de dejar el puesto de entrenador del Barça B, le empezaron a salir un buen número de novias. Algo que no deja de ser sorprendente si atendemos a que el único bagaje como técnico del asturiano son sus tres años en el segundo equipo del Barça.
No quiero desmerecer a Lucho y quizá no haya mejor y más cercano ejemplo que el de su propio antecesor en el B, Pep Guardiola, de quién también se dudaba de su experiencia antes de estrenarse en la élite con un 6 de 6; sin embargo, no puedo evitar pensar que no me imagino al Valencia o al Sevilla —por poner un par de ejemplos que puedan funcionar como equiparables a lo que es la Roma en Italia— confiando su futuro al entrenador del equipo B de la Juve o el Milan. Quizá me equivoque, pero aquí ya vimos como le fue al Madrid cuando Florentino echó a Del Bosque para traerse a Queiroz, el segundo de Ferguson en el Manchester United…
Dejando mi impresión a un lado, lo cierto es que al de Gijón no le han faltado opciones. Hubo algún rumor sobre su posible llegada al Sporting, equipo en el que ya comenzó su carrera como jugador y al que le unen sentimientos especiales, y precisamente eso es lo que convirtió el rumor en verosímil. Sin embargo, en cuanto la AS Roma hizo acto de presencia en el popurrí de ofertas, el futuro de Lucho puso rumbo a cotas más altas. Poco después apareció el Atlético de Madrid y parece que el entrenador asturiano tomó la oferta en consideración. Según se dice se tiró unos días tonteando con las opciones rojiblanca y giallorossi hasta que por fin la Roma le dio un ultimátum: o te decides ya o retiramos la oferta.




