
Que Javi Ballesteros deje al Guijuelo de Segunda B para jugar en la Liga Adelante con la camiseta del Eibar es una noticia poco destacable. Sirve para rellenar huecos y mantener distraída la atención de Segunda División. Me gustaría rescatar parte de su pasado pues jamás pensé que éste chico nacido en el ochenta y cuatro fuese a llegar a la división de plata de nuestro fútbol.
Ballesteros es zamorano y fue desde el club de su tierra donde el filial colchonero lo fichó. Solía jugar bastante donde compartió delantera con Rufino, desplazando a un incrompensible segundo plano a David Rodríguez, hoy cedido en el Celta de Vigo por el Almería. Lejos del actual modelo de gestión, por aquel entonces se contrataban jugadores para el Atlético de Madrid B con la intención de subir el nivel del equipo. Con la contratación de Ballesteros también llegó la de Víctor Bravo, aquel interior zurdo que tenía en el centro su mejor arma. Seguro que algunos colchoneros aún se acuerdan. Víctor por la izquierda y Miguel Ramos por la diestra siriveron de remiendo a Javier Aguirre en más de una ocasión.


