
No está siendo fácil para el Betis adaptarse a la categoría de plata. Con la crisis institucional sin salida visible y una plantilla que juega con el arma de doble filo de estar compuesta prácticamente en su totalidad con jugadores “de primera”, la vuelta inicial del campeonato fue decepcionante y el entrenador Tapia pagó los platos rotos de un equipo al que sólo había que ver jugar para comprender que requería una buena reestructuración, pero sobre todo, una filosofía clara de juego.
Y es que para el aficionado bético ha sido desesperante en algunos partidos esperar a que el Betis mostrase un juego definido, que todos jueguen a una sin esperar a que individualidades como Sergio García o Emaná tomen toda la responsabilidad. Con la llegada de Víctor Fernández, por lo menos el equipo apuesta por una filosofía clara, y es que de todos es sabido que al entrenador aragonés le gusta el juego fluido y ofensivo. En Córdoba ha demostrado que apuesta por un Betis que asuma su rol de aspirante al ascenso, explotando al máximo las mejores virtudes técnicas de cada futbolista.





