José Luis Mendilibar es un entrenador como la copa de un pino. Lo que está haciendo con el Real Valladolid tiene enorme mérito. Después de rozar el ascenso con el Eibar, subió a los pucelanos y los ha asentado con firmeza en la categoría. Lo ha hecho con sello propio, sello poco común, todo hay que decirlo, para los equipos de abajo de la tabla. Porque el Valladolid no nada y guarda la ropa, el Valladolid no se encierra, no planta murallas… El Valladolid de Mendilibar ataca y lucha, batalla, plantea partidos de tú a tú sin complejos, con un sistema trabajadísimo, asumiendo riesgos en todo momento, alguna vez saliendo golpeado, como ayer en el Sánchez Pizjuán, pero otras golpeando duro. Ello explica que el año pasado cayera goleado 7-0 en el Bernabéu, que este año el Barça le haya hecho seis o el Sevilla cuatro, pero también que los castellanos se hayan llevado tres puntos en sus complicadas visitas a Villarreal, el Calderón y Mestalla.
Anoche Kanouté fue demasiado Kanouté, escoltado por un inspiradísimo Romaric, pero el Valladolid no le perdió la cara al partido hasta el 3-1 de Luis Fabiano, el futbolista que más sufrió la buena sincronización de la zaga vallisoletana, quedándose en fuera de juego incontables ocasiones. Perdió el Valladolid pero volvió a demostrar que es uno de los equipos que más gusta, de los que más y mejor compactados están… El Valladolid de Mendilibar casi siempre deja algo y por eso es de recibo reconocer lo que le toca al técnico vasco.


