
No vi el partido de España del sábado, algún cacho sí, pero poco. Luego puede apreciar los resúmenes. Lo primero que hay que aclarar es que Bélgica ha sufrido un bajonazo alarmante. No es el mismo equipo que comenzó esta fase de clasificación. En cualquier caso, resulta obvio que España volvió a brillar y lo hizo, casualmente, cuando Del Bosque se dejó de experimentos y optó por continuar la línea marcada por Luis Aragonés, ese técnico que emuló con eficiencia a José Villalonga, cuando en los años 60 prescindió de los clásicos extremos y apostó por jugar con falsos interiores, con el exitazo de la Eurocopa de 1964.
A Villalonga quizás no se le ha reconocido todo lo que hizo por nuestro fútbol. Fue un valiente. A comienzos de los años sesenta, Gento era uno de los mejores jugadores del mundo. Poco hay que decir de este monstruo, un galgo zurdo que quizás todavía no haya sido superado. Sin embargo, a comienzos de esa década empezó a alumbrar el talento de un futbolista del futuro, Carlos Lapetra, un hombre sin par en su época, componente de la mítica línea de los cinco magníficos del Real Zaragoza. Lapetra, en teoría, jugaba por la izquierda. Pero sólo en teoría. Era lo que se dice, un falso interior, partiendo desde allí hacia al centro para desarbolar defensas con su fecunda imaginación… Pocos veían el fútbol de una forma tan evidente como él. Villalonga no pudo dar la espalda a este chaval que en 1964 lideraba un Zaragoza fantástico, ganador de Copa y Copa de Ferias. El seleccionador relegó a Gento al banquillo en favor de Lapetra. O lo que es lo mismo, renunció al extremo más extremo, para usar un jugador mucho más creativo que siempre miraba hacia el centro. Por sus características, Lapetra era ideal para aliarse con jugadores de similar talento para construir como Luis Suárez y Amancio. La apuesta de Villalonga dio sus réditos y España firmó su página más brillante hasta hace dos veranos.



