
Hay equipos que por alguno u otra razón dejan huella. El que José Yudica hizo en 1987 con Newell´s es uno de ellos. Yudica es sin duda uno de los mejores entrenadores argentinos, al menos en el último cuarto de siglo XX. Oriundo de Rosario, comenzó su carrera profesional con la Lepra en 1954 donde estuvo dos años para iniciar luego una dilatada carrera con paso por Colombia, que acabó cerrándose en 1970. Tras siete años alejado de los terrenos de juego, Yudica pidió paso en los banquillos. Quilmes le dio la oportunidad y estuvo más que a la altura de las circunstancias. Hizo campeón por primera y única vez al Cervecero y también lo logró reflotar de Segunda ya en los años ochenta. Lo mismo hizo con San Lorenzo para después forjar ese Argentinos inolvidable que salió campeón local y ganó la Libertadores en 1985. Después de todo eso, por fin le llegó la oportunidad en el equipo de su vida. Y como era habitual en él, no la desaprovechó.
Corría 1987 y ser de Newell´s era complicado en aquella Rosario iluminada por los títulos de Central. Precisamente en la campaña 86/87 habían campeonato los canallas, que hasta la fecha presumían de cuatro torneos, mientras que los leprosos sólo contaban con uno. Todo comenzó a cambiar con Yudica en el banco. Supo dar continuidad a una magnífica generación de futbolistas que venía pegando fuerte desde atrás, rescatar del extranjero a viejas glorias y promocionar a canteranos de la talla de Balbo. El resultado fue un equipo que practicaba fútbol de alto vuelo, compuesto íntegramente por jugadores procedentes de las divisiones inferiores del equipo rosarino.



