
Son muchos los equipos que han hecho bien las cosas en esta campaña. Uno de ellos, al menos bajo mi punto de vista, es el Real Mallorca, que ha demostrado que con una buena planificación deportiva y un técnico cualificado al que bajo ningún concepto se le retira la confianza se pueden cumplir con creces los objetivos. El pasado verano de Son Moix partieron Fernando Navarro, Dani Güiza, el Galgo Jonás e Ibagaza… O lo que es lo mismo, partieron todas las estrellas salvo el venezolano Juan Arango. Sin embargo, se supo fichar, jugadores que en principio no contaban en otros clubes como Cléber Santana, Mario Suárez o Jurado, así como a otros de perfil medio pero indudable rendimiento como Martí, Josemi, Corrales o Ayoze. La tónica fue buscar ingresos y reducir al máximo el gasto, hasta el punto que sólo se hizo un desembolso importante, cuando se compró a Aduritz por cinco kilos al Athletic.
Ya sabemos que el Mallorca no ha tenido un año fácil. El ex presidente Vicente Grande intentó vender el club sin éxito, luego se produjo un periodo de inestabilidad que finalmente se resolvió con la vuelta de Mateu Alemany, una garantía de buen hacer en Son Moix, que en su día intentó acceder a la presidencia de la Real Federación Española, viendo como le cerraban las puertas en todos los sentidos. El caso es que el Mallorca terminó la primera vuelta en puestos de descenso. La situación tenía tintes dramáticas pero desde el club se apostó por la continuidad de Manzano. El trabajo, que con el técnico jiennense está asegurado, acabó dando sus frutos y los baleares han sido uno de los mejores de la segunda vuelta, obteniendo la salvación cuatro jornadas antes de que finalizara el campeonato.


