
Hay ocasiones en la que te preguntas por qué y no encuentras respuesta. Lo que es evidente es que desde que tengo uso de razón, desde que me enganché a esto del fútbol, el Valencia es una jaula de grillos, una auténtica casa de los líos en la que los dirigentes se enfrascan en contiendas personales que acaban provocando la desestabilización del club. Parece que hay una inexplicable tendencia que provoca que cuando las cosas marchan bien, se prenda una mecha para dinamitar el buen rumbo del equipo. Anonadado me he quedado esta mañana cuando he leído la noticia de que el infausto, para el mundo del fútbol, Juan Soler amenaza con retomar la presidencia, pues va a romper el pacto que alcanzó con Vicente Soriano y, tirando de su paquete accionarial, ha convocado un consejo de administración para este lunes con el que pretende recuperar el mando de la nave, bajo el pretexto de la no venta de los terrenos de Mestalla hasta el momento, y colocar a un alto ejecutivo para que maneje la gestión de la entidad
Es difícil explicar por qué este hombre, que ya ha demostrado de sobra que no tiene ni la menor idea de dirigir un club de fútbol, quiere volver a escena después de la que montó el año pasado. Es difícil de explicar que Soler quiera regresar a Mestalla, justo ahora que parecía haberse implantado en el club una relativa paz social y que el equipo, con un proyecto deportivo sólido, que daba la espalda a los clásicos impulsos solerianos.








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