
Como era de esperar, se ha hablado y debatido mucho en torno a la lamentable actuación de Pérez Burrull el pasado domingo en el Santiago Bernabéu. Son múltiples las opiniones, diversos los análisis, incluso he podido leer en la Prensa absurdas interpretaciones, como dejando ver que si los árbitros favorecen al Madrid se monta escándalo e incluso la Federación manda a la nevera a los colegiados mientras que si el favorecido es el Barça no pasa nada. En mi opinión, lo verdaderamente reprochable del colegiado, lo que le manda a la nevera es su chulesca actitud después de haber metido la pata hasta el fondo.
Antes de nada deberíamos centrarnos en el bueno de Pérez Burrull, un árbitro realmente malo, que la ha liado innumerables ocasiones. Creo que si nos referimos estrictamente al arbitraje, poco se le puede reprochar al trencilla cántabro. Es un colegiado nefasto y lo lógico es que cuando pite lo haga mal. Es más, lo lógico es que en España, salvo en contadas ocasiones, siempre se pite mal, porque nuestros árbitros vienen demostrando desde hace mucho tiempo su bajo nivel. Por eso, por lo general, aunque Madrid y Barça siempre suelen salir beneficiados, diga lo que diga el humorista Pedja Mijatovic, al final los errores se acaban distribuyendo por igual y es una sandez decir que los silbatos descienden o hacen campeones a determinados equipos. Por eso yo no le reprocho a Pérez Burrull el hecho de que pitara mal, no me extraña como digo. Bajo mi punto de vista, lo que se le tiene que reprochar a este colegiado es la chulería inaceptable con la que se dirigió a Juanfran, un profesional que se está jugando la permanencia y que encima de que no le pitan dos penaltis tiene que aguantar las bravuconadas de un vulgar señor del pito.




