
Luis Milla ha anunciado la preselección de futbolistas que, en su mayoría, formarán el combinado nacional que España presentará a los Juegos Olímpicos de Londres de este verano. Después de no haber llegado ni a clasificarse para las dos últimas ediciones —Atenas 2004 y Pekín 2008—, España buscará reeditar sus antiguos triunfos en una competición a la que, posiblemente, se le da menos importancia que la que debería tener.
En las míticas Olimpiadas de Barcelona’92, el fútbol español tocó el cielo con un grupo de jugadores jóvenes que fueron muy importantes en el balompié patrio de los años siguientes: Guardiola, Kiko, Luis Enrique, Alfonso, Abelardo, Solozábal, Ferrer, Amavisca… Cuatro años después nos la pegamos en los cuartos de Atlanta 1996 y en Sidney 2000 volvimos a la final de la mano de Xavi, Albelda, Aranzubía, Capdevila, Luque, Tamudo, etc. Luego vino la absoluta decadencia de nuestro fútbol olímpico.

Ayer el seleccionador brasileño Dunga hacía pública la convocatoria de jugadores para el próximo partido ante Suecia, de cara a la preparación de los Juegos Olímpicos, de la que dejó fuera a Ronaldinho. Pero mientras en la prensa española trascendía esta noticia sobre todo por la ausencia del jugador del Barcelona, a mí me llamaba la atención con qué esmero se está preparando la selección canarinha los Juegos Olímpicos. No es raro, puesto que los pentacampeones del mundo jamás han logrado el oro en este acontecimiento y es la gran cita que tienen este año.

