
De primeras son tres los jugadores africanos que me han venido a la cabeza esta jornada de Liga. Un par por motivos evidentes, y otro porque se le echó bastante de menos. Keita por su espectacular hat trick ante el Zaragoza, Kameni por su insistente afán de aguarle la fiesta al Sevilla (0-0); y Kanouté, baja de última hora ante el Espanyol por una sobrecarga en el sóleo, porque pudo ser la pareja perfecta de Negredo en una noche de sequía. Son jugadores de peso para sus equipos, y enero ya está a la vuelta de la esquina y muchos de ellos tomarán rumbo a Angola para disputar la Copa de África (del 10 al 31 del primer mes de 2010). Un contratiempo que no pasará desapercibido, como viene ocurriendo desde hace unos años.
No es de extrañar, debido a la cercanía de dicho campeonato, que los jugadores africanos que juegan en España estén en su mejor momento de la temporada. Se acerca el momento de defender a sus selecciones, y aquí nadie discute que su club pueda ser más importante que jugar con su país. Con un poderío físico abrumador, en España hemos aprendido que además de músculo los jugadores africanos tienen muchísima calidad. Si Keita, Kameni y de rebote Kanouté me han parecido protagonistas esta jornada, hay alguno más que ha llamado la atención (o la desatención).


Carlos Kameni recaló hace cuatro años en nuestro fútbol. Avalado por su paso en dos clubes modestos franceses, Le Havre y Saint-Étienne y con el beneplácito de Thomas N’Kono, compatriota y uno de los mejores guardametas en la historia del Espanyol y el futbolista extranjero que en más ocasiones ha vestido la elástica blanquiazul. Y no tardó Kameni, un archidesconocido por aquella época, en empezar a hacerse un nombre en nuestra Liga. Lo hizo a base de grandes paradas, de su espectacular agilidad, siendo una pieza fundamental en el puzzle periquito que la temporada siguiente ganaría la Copa del Rey de la mano de Miguel Ángel Lotina.


