
En el fútbol son muchas las ocasiones en las que no solo vale la intención. Puso el Villarreal mucho empeño sobre el terreno de juego, pero se ahogó ante un rival efectivo que frenó a un conjunto amarillo que acabó desesperado ante su inoperancia. La dirección de Marcos Senna y el uso de los carriles de Ángel y Bruno fueron insuficientes ante un Panathinaikos que se plantó en El Madrigal muy serio. El gol de Karagounis acabó por adentrar en un matojo de nervios a los de Manuel Pellegrini. Se intentó por todos medios, pero faltó suerte, o efectividad, o véte tú a saber.
El dominio del partido estuvo a cargo del submarino amarillo. Rossi se movía con agilidad arriba, pero o se erraba a la hora de enviarle balones, o aparecía el enésimo acierto de la defensa helena o el balón no tomaba el rumbo adecuado. Únicamente desde los once metros, y después de un dudoso penalti, el goleador del Villarreal arreglaba la primera campanada del Panathinaikos. Las tuvo, porque las tuvo, el Villarreal. Pero se falló mucho delante de Galinovic, y esos errores son los que condenan y los que pueden hacerte perder la eliminatoria.



