Los partidos entre Arsenal y Manchester United de los finales 90 y primeros años de la presenta década del nuevo milenio eran todo menos amigables. Ambos equipos, antes de la irrupción del Chelsea de Abramovich y ante la ausencia competitiva del Liverpool (hace casi veinte años que los reds de Anfield no ganan la Premier), se discutían en solitario la hegemonía del fútbol británico, y más desde la llegada al banquillo, primero de Highbury y ahora en el nuevo Emirates Stadium, de Arséne Wenger. Míticas ya quedan en el recuerdo por ejemplo las broncas en los túneles de vestuarios entre Patrick Viera y Roy Keane, capitanes por entonces de ambos equipos.
La dura rivalidad y, de vez en cuando, los desencuentros verbales entre Ferguson y Wenger, no han sido un obstáculo para que, la semana pasada, ambos entrenadores, ya leyendas en sus respectivos clubes, se reunieran en la cena de la Asociación de Managers de la Premier League y, en un casi sorprendente ejercicio de camaradería, de manera clara y rotunda, apoyaran a dos de sus compañeros de banquillo dimitidos recientemente: Kevin Keegan en el Newcastle y Alan Curbishley en el West Ham.

En Inglaterra, cuando toca eliminatoria de FA Cup, le reservan a la competición más antigua del mundo del fútbol los mejores días y horarios, el prime time televisivo. Este fin de semana se han jugado los partidos correspondientes a la cuarta ronda, y envían la jornada liguera a martes y miércoles.



