Su nombre formaba parte, hace apenas tres años, del abanico de promesas brasileñas que en un futuro no muy lejano iban a destacar en el extenso y casi infinito mundo del fútbol. Keirrison da Souza Carneiro, conocido por su nombre de pila, comenzaba a labrarse un futuro prometedor en el Palmeiras. Con apenas 20 años ya había logrado ser el máximo goleador del Campeonato Paranaense, donde fue elegido mejor futbolista y mejor promesa de la SeriE A brasileña. Al año siguiente firmó 21 dianas que, unidas a su juventud y calidad, le abrían las puertas del fútbol europeo.
El Barcelona y Txiki Begiristain —secretario técnico de entonces— se adelantaron a otros clubes y pagaron 14 millones de euros por el atacante. En el contrato figuraban dos millones de euros más en función de los partidos que Keirrison disputara con el conjunto culé. Sin embargo, y desde su aterrizaje en la Ciudad Condal el verano de 2009, todavía no sabe qué es enfundarse la elástica blaugrana. Pep Guardiola, que transcurrido el tiempo, dudo que hubiese dado el visto bueno a su llegada, no le quería y tanto él como el club optaron por cederle a otro equipo europeo para que se fogueara y así retornar algún día a la disciplina catalana.







