
Con la tragedia vivida en el fútbol estos días y con todo lo que rodea a la pérdida de un familiar, amigo y también compañero de equipo, se me ha venido el nombre de un gran delantero a la cabeza. Le quedan muy pocos días al tiempo para marcar en el calendario los dos años exactos de la pérdida de Antonio Puerta. Desde entonces hasta ahora hay un jugador que no ha levantado cabeza. Su mejor amigo, Kepa Blanco, está atascado.
Para mí Kepa Blanco será siempre un goleador, aunque se tire dos años sin minutos o cuando simplemente haya anotado un triste gol en una decena de encuentros. El canterano sevillista es un cazagoles de los que el fútbol nos premia muy de vez en cuando. Mi primera recuerdo de él fue cuando militaba en el Sevilla Atlético en Segunda B donde terminó máximo artillero de los cuatro grupos y solamente un chaval del Real Madrid Castilla, un tal Roberto Soldado, le pudo hacer sombra.

Está totalmente roto. Kepa Blanco era su mejor amigo en el mundo del fútbol. Los dos se hicieron futbolistas de la mano. Los dos ganaron los Juegos del Mediterráneo con la selección sub 20. Los dos arrasaron en la 04/05 con el Sevilla Atlético, quedándose a las puertas del ascenso. Los dos se consolidaron en Primera en la 05/06. Los dos levantaron títulos. Puerta y Kepa eran algo más que dos simples compañeros de profesión. Eran uña y carne. Y ahora ya están separados para siempre, sólo en lo terrenal, claro.
La Premier League se está convirtiendo en el mejor exilio de algunos de nuestros futbolistas. Ahí hace años que triunfan 

