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Tuve la fortuna de vivir unos meses en Croacia, coincidiendo además con la celebración del Mundial de Alemania en el 2006. Y el primer partido de los croatas fue ni más ni menos que contra Brasil. Ante la canarinha, los adriáticos jugaron un partido magnífico, dominando el juego y mostrándose superior a Brasil en muchos momentos. Pero siguiendo el argumento que tantas veces hemos visto en el mundo del fútbol, Brasil acabó ganando el partido. Tras ver el partido, mi sorpresa fue relativa al ver a todos los aficionados croatas por la calle celebrando el partido, haciendo sonar sus coches y enarbolando sus banderas como si hubiesen ganado la Copa del Mundo, pese a la derrota. Una chica francesa que estaba por allí interrogaba a un amigo croata: “No lo entiendo…¿por qué estáis celebrando si habéis perdido?”. El chico la miró con cara de resignación, dijo que no con la cabeza y afirmó: “No sabes nada de fútbol”.
Así es su carácter. La pasión está por encima de todas las cosas y serán capaces de dar lo mejor cuando nadie cuente con ellos, aunque después sean igualmente capaces de decepcionar y no poder doblegar a Australia y a Japón. Desde esa triste despedida del Mundial, muchas cosas han cambiado en la selección croata. Pero ante esta nueva cita internacional, otra adversidad se pinta de cuadros rojos y blancos.
Una entrada de juzgado de guardia por parte de Martin Taylor privó a Croacia de contar para esta Eurocopa de su delantero más talentoso. Eduardo da Silva se había consolidado en la selección croata tras coleccionar goles en el Dinamo de Zagreb y evolucionar adecuadamente en la liga inglesa con el Arsenal. Gracias a los goles del brasileño nacionalizado y al buen hacer de una nueva hornada de jugadores, Croacia fue capaz de clasificarse por delante de Inglaterra, la elogiada Rusia e Israel.
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