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Melodías del Este

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ArshavinDvorák, Chopin, Stravinski, Mozart…. Muchos de los nombres más ilustres de la historia de la música clásica proceden de Europa del Este. Cuando tienes la oportunidad de pasar un tiempo en la República Checa, Rusia o Hungría comprendes que no es fruto del azar. La especial sensibilidad que hacia la música, la literatura o cualquier arte tienen sus habitantes impregna las calles de sus ciudades. Sin ínfulas de grandeza, su relación con el buen gusto y el aprecio por la estética forman parte de su educación y cotidianidad.

Como un servidor considera que en determinadas ocasiones el fútbol trasciende la categoría de mero deporte y puede llegar a despertar las mismas emociones otras disciplinas, no considera una casualidad el hecho de que Rusia esté practicando hasta el momento el mejor fútbol del campeonato. Tampoco que la República Checa lograse emocionarnos en la pasada edición. El tradicional predominio en cuanto a títulos y prestigio de Alemania e Italia y la asociación del buen juego a Holanda hacen olvidar en ocasiones que los países de Europa del Este constituyeron durante décadas una potencia de similar fortaleza a las clásicas. El declive experimentado por Europa del Este en gran parte de los ochenta y la totalidad de los noventa han provocado que cause aún cierta extrañeza la aparición de equipos a los que se les juzga un potencial menor como es el caso de Rusia. Sin embargo no siempre fue así. ¿En qué momento se silenciaron los violines y trombones, húngaros, rusos y polacos?

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Austria y el milagro de Córdoba

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A esa hazaña lograda por la mejor selección de jugadores austríacos en el Mundial de Argentina 1978, al milagro de Córdoba, se agarra Austria para pasar a cuartos de final de su Eurocopa. No es comparable a lo que ocurrió en Córdoba aquel 21 de junio de 1978. Austria ya estaba eliminada del Mundial y Alemania se jugaba poder clasificarse para disputar la final. Aquel grupo de jugadores austríacos formaban una excelente selección, no como la que se enfrenta mañana a los alemanes, sin ningún jugador del calibre de los que jugaron aquel Mundial, pero claro esta Alemania tampoco es la que jugó aquella tarde en Córdoba (Argentina).

No hay mayor gloria para el fútbol austríaco que vencer a sus vecinos, por encima de otras cosas. Austria ganó 3 a 2. En aquel partido, una de las leyendas del fútbol austríaco Hansi Krankl, marcó dos goles, incluido uno en el minuto 87 que supuso la victoria, y dio lugar a lo que se conoce como el milagro de Córdoba. Quizás los milagros sólo suceden una vez. La diferencia está en creerse sus posibilidades, Austria de 1978 sí pensaba que podía ganar a Alemania, la cuestión es que los austriacos piensan en el milagro de Viena, pero no se creen que pueden ganar a Alemania. Estar en el último partido de grupo con posibilidades de clasificarse, es algo que nadie esperaba en Austria. Por eso el propio Krankl, aunque no pueda obviarlo, insiste en que lo mejor es olvidarse de aquel triunfo, y pensar sólo en el partido de mañana. Lo que ocurrió hace 30 años, es bueno tenerlo en la memoria, la verdad es que fue un triunfo apoteósico, pero debe quedarse ahí.

Austria, futbolísticamente, quiere vivir un sueño. El problema, y pese al empuje y empeño que pongan los jugadores austriacos, parece una quimera. Si pasan a cuartos, hablaremos de una de las más grandes sorpresas de esta competición, de toda una hazaña. Y olvidando a Polonia, que también tiene algo que decir en lo que suceda mañana.

Más información | Diario de un futbolista

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