La ciudad de Kumasi es la segunda más importante de Ghana, antigüa capital del imperio ashanti presenta el aspecto destartalado e inhospito de las grande urbes africanas. Bazares laberínticos, contaminación asfixiante y el incansable fantasma de la pobreza aderezan una ciudad que a simple vista no se diferencia en nada de cualquier otra del continente negro. En nada salvo por dos cosas, la extraordinaria religiosidad que empapa cada rincón de sus calles y las minas de oro circundantes a la ciudad. Sin embargo la pepita más brillante que Kumasi ha regalado al mundo tenía forma humana, dos cañones en las piernas y un cambio de ritmo explosivo. Su nombre era Anthony Yeboah, uno de los mejores jugadores africanos de todos los tiempos.
Al contrario que en la actualidad donde la mayoría de las perlas africanas son reclutadas desde su adolescencia para los escalafones inferiores de los principales equipos europeos, Tony Yeboah arribaría a Europa consagrado como un totem del fútbol aficano. Tras conseguir varios años el título de máximo realizador de Ghana con el Kumasi Cornestones, el Saarbrücken de la segunda división alemana sería su puerta de desembarco al viejo continente.

No es precisamente que a los equipos españoles que participan en la Copa de la UEFA, les haya tocado peritas en dulce en el sorteo de los dieciseisavos de final, pero tampoco es para estar descontentos. Sevilla-Steaua de Bucarest, Celta de Vigo-Spartak de Moscú, Osasuna-Girondins y Espanyol-Livorno son los emparejamientos. Rivales con nombre de sobra conocidos, pero que ni por asomo alcanzan el nivel de sus mejores tiempos.

