
Podría parecer que las palabras de Sergio Kresic estuvieran dichas con resentimiento tras su despido del Numancia, pero me parecen que reflejan a la perfección el momento adecuado, con las razones debidas, a la hora de que una junta directiva se plantee la destitución de un entrenador. Casos como el de Juande Ramos con el Real Madrid, son la excepción que confirma la regla. Convendría que muchos directivos se leyeran y reflexionaran sobre la cadena de reglas de Kresic, a la hora de darle la puntilla al entrenador. Es decir, si los entrenadores son conscientes de la realidad de sus equipos, de la limitación de sus plantillas y de las dificultades circunstanciales del calendario, no hay razón para plantear un cambio en la dirección del equipo. Y la razón es evidente: el efecto del cambio sólo dura un par de semanas, si los puntos anteriores no se han cumplido. De todas maneras, lo mejor es leerse la reflexión de Sergio Kresic:
“Aunque cada caso es distinto, hay reglas a la hora de plantearse la destitución de un entrenador. Si no hay tensión en la relación que mantiene con el presidente y con los jugadores, si el equipo demuestra que lucha hasta el último segundo cada domingo, hay que mantenerle, aunque se viva una mala racha de resultados. Si hay orden, si hay disciplina en el juego, a ese entrenador no se le debe echar pese a los malos resultados; si se rompe una de esas exigencias en las relaciones, algunos de esos compromisos, entonces, hay que tomar medidas. En caso contrario…, a aguantar al entrenador.”
Dicho esto, pensar en los ejemplos de Preciado, Mendilíbar y Pellegrini, y los contratiempos que han vivido durante esta campaña. ¿Qué les ha pasado? Que siguen en los mismos equipos con los que empezaron la temporada y viendo el peligro desde la distancia.
Vía | El país



