
Fue la mejor liga del mundo en los noventa, cuando todos los grandes jugadores otorgaban preferencia a sus escuadras antes que a ninguna otra competición, los grandes como Milan o Juventus dominaban Europa y las ingentes cantidades de los patrocinadores hicieron grandes a Parma o Lazio. No obstante, la última década fue de recesión a pesar de que los equipos de Milán continuasen mandando en Champions y la selección se proclamase campeona del mundo. Los escándalos de corrupción y amaño de partidos, que aún salpica al país transalpino, el consiguiente descenso en los despachos del gigante turinés y la caída económica provocaron que la Serie A perdiese el terreno conquistado frente a la Liga o la Premier. Sin embargo el 2011 ha visto cómo, al menos deportivamente, el Calcio ha vislumbrado un camino entre la niebla.
El optimismo no puede ser desmedido, queda aún mucho camino por recorrer, pero el solo hecho de que Italia sea el país que más representantes tiene en octavos de final de la Liga de Campeones es un motivo de celebración aunque ni Milan, Inter o Nápoles estén entre los favoritos a alzar el título. Además, la Serie A ha recuperado la competitividad y varios equipos que no levantaban cabeza comienzan a dejarse ver por la parte alta de la tabla para júbilo de muchos. El mayor problema radica fuera del césped, donde la corrupción continúa levantando escándalos que han de atajarse de raíz sea cual sea el nombre de los responsables. Nada nuevo, en definitiva, en un fútbol italiano que ya vio en 1980 cómo un mito como Paolo Rossi se vería implicado en un escándalo de apuestas dos años antes de ser campeón del mundo y Balón de Oro.










