
Mauro Zárate se ha quedado fuera de la lista de Batista para las Olimpiadas. Se lo buscó el solito cuando hace un año aceptó una millonaria oferta del Al Sadd qatarí y decidió marcharse a Oriente Medio en busca de petrodólares, aún a sabiendas de que ese paso iba a frenar en seco su prometedora trayectoria deportiva. Lo que vino después ya lo sabemos: no se adaptó en tierras árabes, consiguió tras sufridas gestiones irse cedido al Birmingham y en tierras inglesas logró recuperar su alegría e incluso hizo cuatro goles en catorce partidos, de los cuales sólo fue titular en seis, aunque no evitó el descenso del conjunto inglés, ensombreciéndose su futuro con un posible regreso a Qatar. Pero entonces apareció la Lazio y cambió todo. El conjunto italiano había intentado primero fichar a Palacio pero, ante la indecisión del delantero de Boca, apostó fuerte por este magnífico delantero que el verano pasado hizo con una gran jugada individual el tanto que le dio la victoria a Argentina en el Mundial sub 20 de Canadá.
La operación es arriesgada para el conjunto romano. Zárate recala en sus filas en calidad de cedido. La Lazio ha pagado por dicho prestamo tres millones de euros. El próximo verano tendrá una primera opción de compra por el 50% de su pase, que ronda los 5,5 millones de euros. Doce meses después podría comprar la otra parte de la ficha, cuyo coste ascendería a unos 8,5 millones, cerrándose la operación total en torno a unos 17 kilos. El joven Mauro vale eso y más. Es un delantero formidable que puede presumir de una estrecha e inusual relación con el gol. No necesita hacer grandes partidos para marcar; simplemente tiene el don de estar ahí, agarrar el cuero y montar un estruendo con sus cambios de ritmo, valiéndose de una chispa de ingenio propia sólo de los grandes futbolistas.








