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Jesús Capitán, mucho más conocido como Capi, es uno de los jugadores abanderados de la última gran generación de canteranos que dio el Betis, aquella de los Joaquín, Arzu, Dani, Varela, Juanito y compañía. Una generación que se había criado jugando juntos y que formaban un equipo compacto y sin demasiadas fisuras, irregular a menudo pero con una calidad potencial fuera de toda duda. Casi todos ellos pasaron por las categorías inferiores de la selección y tres de ellos jugaron en la absoluta: Joaquín, Juanito y…Capi.
Por aquellos años el equipo tuvo momentos de gran brillo y Joaquín estaba en boca de todos como el jugador más determinante, como uno de los mejores extremos del mundo codiciado por muchos grandes de Europa. Para mí sin embargo “el bueno”, el jugador tapado, era Capi, que representaba al centrocampista técnico, al media punta de clase cuyas mejores armas eran el toque y el regate. Y estas cualidades, unidas al buen estado de forma física que disfrutaba en aquellos momentos lo convertían en un jugador muy a tener en cuenta.
Pero una lesión en el tendón de Aquiles lo mantuvo apartado de los terrenos de juego durante casi toda la temporada 2004-2005. Cuando volvió a poder jugar, le costó recuperar la forma física y los entrenadores que iban poblando el banquillo verdiblanco parecían no contar con él, mostrando preferencia por centrocampistas más enteros físicamente pero más toscos y a menudo bastante menos luchadores que el canterano. La posición de centrocampista se convirtió en uno de los grandes quebraderos de cabeza de los servicios técnicos del Betis mientras Capi iniciaba casi siempre desde el banquillo, aunque su presencia era a menudo reclamada desde la afición y su salida al campo siempre celebrada.
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