
Ha sido un fin de semana marcado por la fatalidad en el mundo del fútbol. A veces el deporte, ejemplo muchas veces de valores, esfuerzo y superación, se convierte en reflejo de la vida para recordarnos su lado más amargo. Este pasado sábado nos dejó Piermario Morosini, futbolista del Livorno, tras sufrir un fallo cardíaco en pleno partido ante el Pescara. En estos últimos días han sido noticia las dificultades por las que había pasado el futbolista tras perder a sus padres y su hermano antes de cumplir 18 años, siendo huérfanos él y su hermana discapacitada, María Carla, que vive en una instituto médico, dependía económicamente de él y que tras el fallecimiento de Piermario parecía quedarse sola en el mundo. No es así: el Udinese, club que tenía los derechos de Moro (estaba cedido en Livorno), mediante su organización no lucrativa ‘Udinese per la Vita’ ha emprendido una iniciativa por la que tomará la custodia y prestará asistencia, con la colaboración de todos los clubes de la Serie A y la Serie B, de la hermana de Morosini con carácter permanente.








