
Ha sido un fin de semana marcado por la fatalidad en el mundo del fútbol. A veces el deporte, ejemplo muchas veces de valores, esfuerzo y superación, se convierte en reflejo de la vida para recordarnos su lado más amargo. Este pasado sábado nos dejó Piermario Morosini, futbolista del Livorno, tras sufrir un fallo cardíaco en pleno partido ante el Pescara. En estos últimos días han sido noticia las dificultades por las que había pasado el futbolista tras perder a sus padres y su hermano antes de cumplir 18 años, siendo huérfanos él y su hermana discapacitada, María Carla, que vive en una instituto médico, dependía económicamente de él y que tras el fallecimiento de Piermario parecía quedarse sola en el mundo. No es así: el Udinese, club que tenía los derechos de Moro (estaba cedido en Livorno), mediante su organización no lucrativa ‘Udinese per la Vita’ ha emprendido una iniciativa por la que tomará la custodia y prestará asistencia, con la colaboración de todos los clubes de la Serie A y la Serie B, de la hermana de Morosini con carácter permanente.

Otro duro mazazo ha castigado al fútbol este sábado en Pescara, donde el conjunto local recibía al Livorno en un encuentro correspondiente a la Serie B italiana. Todo transcurría con naturalidad hasta que en el minuto 31, Piermario Morosini (05/07/1986), que en ese momento se encontraba en la banda izquierda, empezaba a tambalearse hasta caer sobre el césped. Entonces, intentó levantarse, pero no pudo. Se detuvo el partido, llegaron las asistencias, las ambulancias y se lo llevaron al hospital, donde ya llegó fallecido. La tragedia, cada vez más habitual en este deporte, se confirmó. Un ataque al corazón se lo ha llevado. Otro ataque al corazón del fútbol.
Situados en la llamada “zona roja” de Italia, los aficionados del Livorno son un caso casi único de alineación deportivo-ideológica. Sus hinchas se sitúan en el pensamiento de la extrema izquierda y adornan los fondos del estadio con el omnipresente color rojo, hoces y martillos, estrellas y fotografías del ‘Che’ o Lenin acompañan las del ídolo local Lucarelli. Los cánticos de ánimo al equipo se entremezclan con otras canciones como el “Bella Ciao” o el “Bandiera rossa” y a menudo los emblemas que se exhiben son más políticamente incorrectos. Tanto que el personal de seguridad se esmera en revisar las pancartas que los hinchas llevan al estadio en procesión, cual revolución cultural de Mao.
No es precisamente que a los equipos españoles que participan en la Copa de la UEFA, les haya tocado peritas en dulce en el sorteo de los dieciseisavos de final, pero tampoco es para estar descontentos. Sevilla-Steaua de Bucarest, Celta de Vigo-Spartak de Moscú, Osasuna-Girondins y Espanyol-Livorno son los emparejamientos. Rivales con nombre de sobra conocidos, pero que ni por asomo alcanzan el nivel de sus mejores tiempos.

