Pese a una incipiente alopecia que le acecha desde que empezó a deslumbrar en el PSV Eindhoven, Robben cuenta solamente con 26 años. Sus dos últimos los pasó en el Real Madrid, donde a pesar de sus destellos, nunca cumplió lo que su fichaje prometía. Normalmente más cerca de la enfermería que de la portería, la magia de Arjen se fue diluyendo por culpa de unas lesiones que por hache o por be nunca le han dejado de atosigarle.
Sin embargo, la necesidad de hacer caja de club madridista y quitarse de encima un futbolista con una alta ficha y un, a priori, bajo rendimiento, llevó el pasado verano al holandés a cambiar de aires cuando Manuel Pellegrini contaba con sus servicios. El paso del ejercicio está dejando claro, que, como sucedió con Sneijder en el Inter de Milán, no hay nada mejor que un nuevo destino y que las lesiones no te acompañen para demostrar que sigues en vena.
Anoche Robben volvió a ser la estrella de su equipo. Muy por encima de Ribèry, al que se le fue la castaña en una entrada criminal a Lisandro López y que se borró a los 37 minutos. No es descartable que la UEFA tome cartas en el asunto, pues no es la primera vez que al internacional francés se le va la cabeza sobre un tapete verde. Sin embargo, la inferioridad numérica no le duró mucho al Bayern de Múnich, ya que Toulalan se apuntó a la fiesta de las cartulinas y vio el camino a los vestuarios a los diez minutos de la reanudación.



