Una vez más, y ya es la tercera consecutiva, el Real Madrid cae en octavos de final de la Liga de Campeones, algo que un club como el blanco no puede permitirse, pero desgraciadamente está empezando a acostumbrarnos a fracaso tras fracaso. Lo preocupante es quién ha sido su verdugo: un Bayern de Munich que no es ni la sombra de lo que era, un equipo vulgar, con jugadores en la cuesta abajo de su carrera y otros a los que seguramente la camiseta alemana les queda grande. Un equipo sin fútbol, que basa su juego en potencia, poderío físico, balones largos a sus delanteros, y cazar alguna de las pocas ocasiones que tengan, ya sea en disparos lejanos, contragolpes, o a balón parado. Que este equipo tan corriente haya eliminado al Madrid, habla muy pero que muy mal de los de Capello, que no deja de ser otro ejemplo de conjunto vulgar.
El partido ya quedó marcado tras la primera jugada. El Madrid sale con la ‘empanada’, Roberto Carlos pierde el balón, Salihamidzic se la pone a Makaay, y el holandés no perdona ante Casillas. Diez segundos de juego y todo el planteamiento de Capello al garete. El técnico italiano había salido con un trivote formado por Diarrá, Emerson y Gago. El objetivo era claro: mantener su portería a cero frenando al Bayern por el centro, que es donde tienen verdadero peligro, y apoyando a la pareja de centrales. Ese gol cambiaba todo por completo. En diez segundos el Madrid tenía que cambiar el chip de un extremo a otro. De no encajar goles a marcar como fuera.



