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Marcelo Gallardo

A ritmo de Tango: el Muñeco volvió a arañar al Pato

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Gol de Gallardo

Este fin de semana volvió a ganar Racing, tres victorias al hilo, algo casi surrealista, Vélez se hizo más líder, Lanús y Colón dieron pasos de gigante para instalarse en la zona noble y el San Lorenzo que a partir de ya coge Diego Pablo Simeone continuó con su negativa racha, cayendo goleado ante San Martín… Sin embargo, poco o nada importó todo eso cuando el domingo por la tarde Boca y River salieron a la Bombonera para disputar un nuevo superclásico.

Fue un superclásico en el que obviamente se echó de menos a Juan Román Riquelme, ausente por lesión. Decir que Boca no sabe jugar sin el diez quizás sea demasiado, aunque no es mentir, ciertamente. Al Xeneize le cuesta sin Román. En el plano táctico Ischia le ganó la partida a Gorosito, porque el tridente de Battaglia, Chávez y Vargas se impuso siempre a un River que hasta que tuvo el marcador en contra nunca fue a por el choque. La presencia local en el centro del campo fue neta y de hecho, cuando no tenían el cuero los bosteros tardaban poquísimo en recuperarlo. Sin embargo, faltaba ese último pase del enganche, Palacio comenzó bien pero se desinfló, Palermo se desfondaba para sus compañeros, pero se necesitaba el último toque de profundidad, porque a falta de Riquelme nadie jugaba para él. No había llegada clara de los locales por mucho que tuvieran el cuero y sólo el marchamo de gol del insaciable Palermo, que va a voler a la selección, con un zurdazo desde fuera del área espectacular, desequilibró la contienda ya en el segundo periodo. Parecía que el clásico se teñía de azul y oro pero entonces Gorosito reaccionó, sacó de la cancha a un inadvertido, la gran decepción sin duda, Fabbiani, poco después de darle la camiseta a Buonanotte por Bou. Y el Enano, con espacio arriba, no desaprovechó la oportunidad, él solito remontó el choque e incluso lo puso en bandeja para que se pudiera ganar, a pesar de que todo acabó en tablas. El gol millonario, no obstante, no corrió a cargo del menudo canterano de River sino de la única leyenda de Núñez que estaba en el verde, el último gran enganche junto con Román, Marcelo Gallardo, que ejecutó una falta maravillosa, batiendo a su viejo enemigo, el Pato Abbondanzieri.

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A ritmo de Tango: el Muñeco volvió a brillar

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Muñeco Gallardo

Todo el influjo positivo que la irrupción del ogro Fabbiani había desatado en el entorno de River se fue al garete la semana pasada. El Millonario, que sin jugar excesivamente bien estaba transmitiendo buenas vibraciones, cayó goleado hace siete días ante San Lorenzo por un cruento 5-1 y entre semana vio como Universidad San Martín le volvía a ganar, ya lo hizo el año pasado, en la Libertadores, por lo que la visita al Monumental de Arsenal este domingo se volvía crucial para seguir creyendo en la nueva era de Pipo Gorosito.

La verdad es que no comenzó muy bien el partido para River. A pesar de que los de Núñez comenzaron dominando, con Fabbiani pivotando como él sólo sabe y un Falcao muy correoso, pero la expulsión de Nico Sánchez y un absurdo penalti que acabó el gol de los de Sarandí al filo del descanso. El tempranero empate de Falcao nada más salir de los vestuarios puso dio de nuevo vida al Millo, pero no fue hasta media hora del final, cuando, más de tres años después de su último partido en casa, el Muñeco Gallardo saltaba a la cancha, su cancha, el campo en el que siempre fue ídolo, junto al Burrito Ortega, aunque quizás un escalón por debajo, el último gran ídolo para los hinchas de River. Entonces cambió todo y estalló la locura.

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