
Es lo que ocurre cuando termina un ciclo y no quieres aceptarlo, cuando te llega el final y evitas el adiós… Entonces suceden desastres como el que ha protagonizado Italia en la Copa Confederaciones. Históricamente Italia siempre ha sido la selección que mejor ha competido. Sin exhibir un juego brillante en lo ofensivo, tradicionalmente sí ha sabido lo que tenía que hacer en cada momento, armando los equipos desde atrás y encomendándose a la efectividad de sus hombres de arriba. De esa forma, sin ir más lejos, la Italia de Lippi ganó el Mundial de 2006 e incluso la selección de Donadoni, haciendo una Eurocopa horrosa, fue la única que realmente puso en aprietos a España en los cuartos de final.
Italia siempre fue un ejemplo de combate y coraje, las selecciones de Italia se han caracterizado por ser equipos que funcionan como relojes de alta precisión. Por eso dolió a todos, no sólo a lo italianos, sino a los amantes del fútbol en general, la bochornosa derrota ante Brasil del otro día. Se puede perder, hasta Italia puede, pero peder con los bazos caídos es impropio de la azurra. La pregunta que nos podemos hacer ahora es a qué se debe este brutal ridículo. Soy de los que piensa que desde el Mogiggate el Calcio se vulgarizó de forma considerable. Muchas estrellas huyeron del país, el propio descenso de la Juve afectó a internacionales campeones del mundo, no llegaron buenos fichajes, el campeonato perdió en competitividad, lo que obviamente afecta directamente al nivel de los seleccionables.



