
A unos cuantos miles de kilómetros de Barcelona, bajo un frío casi polar y alejado de los focos que iluminaban el Camp Nou, a esa misma hora, pero en Donetsk, la samba hacía acto de presencia en el Donbass Arena. Ahí, un equipo con franjas negras y naranjas en su camiseta, con corazón ucraniano y acento brasileño, bailaba al son que sus futbolistas de ataque dictaban. Delante, una Roma de capa caída, que dejó escapar el tren de la Champions League en el partido de ida, donde fueron vapuleados por esos mismos hombres casi anónimos que la noche del martes, mientras prácticamente todos hablaban de la justa o injusta expulsión de Van Persie, se daban a conocer al resto de Europa. Por primera vez en su historia el Shakhtar logró el pase a cuartos de final y lo hizo a lo grande, machacando un rival de renombre que comenzó y terminó convirtiendo el juego sucio en su triste epitafio continental.
Y es que los octavos de final de la Orejona más preciada están dejando, de momento, algunas sorpresas. Si bien la caída de la Roma podría entrar en los planes de quienes han seguido hasta la fecha a los italianos y son sabedores de la catarsis monumental que han vivido en las últimas semanas, la inclusión en la siguiente fase de Tottenham o Schalke 04, así como del propio Shakhtar, entraba a principio de temporada en la quiniela de unos pocos elegidos. Este hecho puede parecer que favorece los intereses de nuestros representantes (de momento, sólo confirmado el Barcelona) ya que a priori, son rivales que en los últimos años y a nivel europeo, han pasado más bien desapercibidos. Pero en el fútbol no suele gobernar el éxito de un nombre (véase el caso del Milan), sino que en cada partido se descubre que hay algo más tras esos, a veces, desconocidos equipos con futbolistas de innombrable pronunciación.




