
Buenos Aires. Cinco y veient de la tarde hora local. Boca, San Lorenzo y Tigre comienzan sus respectivos partidos con el título en juego. Si todos ganan, se disputan el Apertura en un inverosímil triangular, que ya tuvo un precedente en 1968. Si ganan dos y uno no, el campeonato se decide en una final como la de 2006. Si gana uno y los otros no, el que vence sale campeón sin tener que recurrir a una segunda instancia. Si todos empatan y Lanús gana, el Apertura se decide en un cuadrangular. Si todos pierden y gana Lanús, el Granate se hace con el segundo Apertura de la historia. Este era el panorama que se presentaba en Argentina para decidir el último torneo del año, múltiples combinaciones para un solo ganador, fecha ideal para los amantes de las apuestas, poco recomendable para los que sufren de nervios, fin de semana de emociones fuertes, de sueños y chascos… Fin de semana de fútbol en estado puro que, al final, dejó las cosas como estaban.
Efectivamente, todas las cábalas y suposiciones se fueron al garete porque todos hicieron los deberes, algunos con mejor letra que otros. San Lorenzo se la jugaba en La Paternal contra Argentinos y durante algunos segundos fue campeón. En el minuto 7 Bergessio hizo el definitivo 0-1 para delirio de los miles de hinchas cuervos que apoyaban al equipo en el estadio del Bicho, entre los que se encontraba, como suele ser habitual siempre que hay un choque importante, el incondicional Viggo Mortensen. Pero poco les duró la alegría a los del Ciclón, porque Boca, con Figueroa en plan matador, se ponía 3-0 en media hora, con dos goles del ex Villarreal y uno de Juan Román Riquelme. Los nervios se trasladaban a Victoria, donde Tigre se atragantaba con Banfield y sobre todo con las noticias que le llegaban desde los estadios de sus rivales. Al equipo de Diego Cagna le temblaban las piernas pero a poco para llegar el descanso, Martín Morel se disfrazaba de héroe y aprovechaba un servicio exquisito de Altobelli para hacer el 1-0.



