
El 6 de Marzo de 2002 el Real Madrid CF cumplía su centenario. Entre los muchos actos y fastos que preparó la entidad dirigida por Florentino Pérez estaba la concesión por parte de la RFEF de la celebración de la final de la Copa del Rey en su estadio, el Santiago Bernabéu, en una fecha tan inusual como la primera semana de Marzo. Todo estaba preparado para que el madridismo viviera una noche inolvidable celebrando sus cien años con la conquista de la Copa. Pero nada salió como esperaban y el Real Club Deportivo de La Coruña, un equipo que dos años atrás había logrado la gesta de ganar la Liga Española, se impuso por 1-2 en un partido memorable, le aguó la fiesta al Madrid y alcanzó un hito que ocurre muy pocas veces: que una victoria tenga nombre propio. Y desde aquella y aun diez años después, todos conocen aquella final como El Centenariazo.
A priori todo favorecía al equipo blanco. Jugaba en su estadio, ante un público que doblaba en número a los 24.000 deportivistas que acompañaron a su equipo. La plantilla del Madrid estaba plagada de grandes nombres —Zidane, Raúl, Figo, Hierro, Roberto Carlos, Makélélé...—, un equipo diseñado para ganarlo todo (no en vano, dos meses después lograron su novena Champions). Pero enfrente no tenían a unos cojos, ni mucho menos. La plantilla del Dépor era tan rica por entonces que además de poder contar con Donato y Manuel Pablo por lesión, Djalminha y Makaay fueron suplentes de Fran, Valerón, Víctor y Tristán.




