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Hoy, nuestro tercer capítulo de Fichajes sonados se traslada casi una década atrás para hablar de Gaizka Mendieta y su traspaso a la Lazio, uno de esos culebrones del verano que mantuvo en vilo a la afición ché, a la del conjunto italiano… y a la del Real Madrid.
El de 2001 fue un verano muy prolífico en cuanto a posibles fichajes. El Real Madrid presentaba a Zinedine Zidane como su segundo galáctico tras Figo y Florentino Pérez quería sumar a su firmamento una nueva estrella. Se habló, se confirmó y luego se desmintió, la llegada de Rui Costa al conjunto blanco. Sucedió lo mismo con Javier Zanetti, de quien precisamente ha hablado recientemente mi compañero Santi Plaza para elogiar su amor a los colores del Inter y viceversa. Entre ese abanico interminable de rumores, apareció Gaizka Mendieta, el centrocampista español del momento, el ídolo del Valencia que, ese mes de julio, pidió a su club que escucharan ofertas por él.
Mendieta era por entonces lo que ha sido David Silva en las últimas temporadas para el valencianismo. Salvando las distancias, claro, era uno de los líderes del equipo de Claudio Ranieri primero y Héctor Cúper después: la cabeza pensante, el futbolista por el que pasaban todas las acciones de peligro. El que daba asistencias y marcaba golazos, como el que anotó en la final de Copa ante el Atlético de Madrid y que le catapultó a la cima del fútbol. Era su momento (había sido elegido mejor centrocampista de la Champions), el de dar el salto mortal. Media Europa andaba tras sus pasos y aunque el Real Madrid se interesó en sus servicios, Jaume Ortí, presidente valencianista de entonces, se negó a negociar con Florentino. Si quería a Mendieta, que pagara su cláusula de 10.000 millones de pesetas (60 millones de euros), como había hecho el curso anterior con Figo.
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