
Que la Segunda División B es una categoría tan olvidada como interesante no es la primera vez que lo digo. Hace excasos días saltaba una desagradable noticia. Lo peor no es que varios clubes hayan descendido de Segunda B a Tercera División por su deudas, tampoco que la inmensa mayoría hayan “solucionado” sus problemas económicos a ultimísima hora, sino que la cara más amarga del fútbol ocupe en el plano balompédico nacional lo mismo que una verruga de Cristiano Ronaldo, es decir: nada.
La cruda realidad es que clubes que hasta hace dos días competían en Segunda División, como el Lorca, no han podido responder económicamente a sus jugadores y por culpa de eso tienen que preparar una temporada donde competirán en Tercera División, ocupando el lugar de su filial, que bajará a Preferente. Cada descenso de cada club que ha bajado de Segunda B a Tercera es algo más que una importante deuda, por pequeña que sea, a sus empleados. Conlleva la pérdida de categoría y en definitiva se tira de la peor manera el trabajo realizado durante mucho tiempo.

La Segunda División B es una categoría tan interesante como olvidada: por encima de todo les interesa a los aficionados y a los directivos, pero también a quien nos gusta ver una mezcla entre jóvenes talentos y estrellas venidas a menos. Cuando digo olvidada pienso en la RFEF que poco o nada hace por profesionalizar una categoría, en teoría sí es profesional, pero que en la práctica deja mucho que desear. No son pocos los directivos que han mostrado su desencanto con la Federación por la dejadez con los clubes de Segunda B.

