A sus 34 años, Míchel Salgado atraviesa por uno de sus mejores momentos. Lejos de la mediática vida que uno suele tener en un club de la importancia a nivel mundial del Real Madrid, el lateral derecho gallego ha encontrado en el noreste de Inglaterra la paz y el sosiego necesario para recomenzar una carrera que, por otro lado, agota sus últimos cartuchos.
El pasado verano el Real Madrid y el futbolista gallego llegaban a un acuerdo para poner fin a una etapa en la que Míchel lo logró prácticamente todo con la zamarra blanca: dos Champions, cuatro Ligas, una Intercontinental, Supercopas… sólo le faltó la Copa del Rey. Sin embargo, el tramo final de su ciclo se hizo evidente cuando perdió la titularidad debido a su bajón físico, las consiguientes pifias traseras y a un Sergio Ramos que llegaba con fuerza al conjunto de Concha Espina. Pese a ello, nadie le puede negar que formara parte de uno de los equipos con más arresto de la historia blanca, de uno de esos conjuntos de leyenda que marcaron un antes y un después en el planeta fútbol. Aquel Madrid de Zidane y compañía que consiguió innumerables éxitos.
Pero como todo en la vida, hay cosas que suelen llegar a su fin. Quemada la etapa madridista, cambió su habitual ‘2’ por el ‘27’ que le ofreció el Blackburn Rovers, un conjunto modesto de la Premier League, uno de esos campeonatos tan y tan apetecibles para cualquier futbolista. Así, y siguiendo la estela que dejaron otros ilustres como Hierro cuando abandonó el Real Madrid rumbo al Bolton previo fugaz paso por Qatar, Salgado no lo dudó y se enfundó la elástica de un club que logró su último título hace ya 15 años. Una entidad que campaña tras campaña tiene como gran meta salvar la categoría, objetivo muy distinto al que Míchel estaba acostumbrado en la capital.




