Esta semana se han cumplido veinte años de unos de los traspasos más controversiales de todos los tiempos. El día 10 de julio del 1989, el Belfast Telegraph anunciaba que Maurice John Giblin “Mo” Johnston fichaba por el Glasgow Rangers. Automáticamente como recuerdan en el diario norirlandés, muchos aficionados unionistas se dejaron ver en las inmediaciones de la sede del diario, realizando burlas y exigiendo que se rectificara una noticia que se consideraba indudablemente una mentira y una cosa de “cuento de hadas”, mientras muchas llamadas telefónicas en el mismo sentido llegaban al rotativo.
Pero por la tarde se confirmaba la noticia: Mo Johnston, delantero goleador, católico confeso y remarcado, jugador símbolo del Celtic de Glasgow, el mejor jugador escocés de su tiempo y en varias ocasiones héroe verdiblanco de las “Old Firm” – el derbi de Glasgow entre Celtic y Rangers- , donde en ocasiones había marcado y mostrado con orgullo su catolicismo ante los aficionados del Rangers, vestiría de azul a cambio de 1,5 millones de libras, cantidad que los protestantes pagaron al Nantes por su traspaso.
Hoy en día un católico jugando para el Rangers ya no es nada nuevo ni traumático, pero el fichaje de Mo Johnston reabrió heridas en el seno de los teddy bears, ya que mientras muchos celebraban el fichaje de un gran futbolista, otros tantos lamentaban su condición de católico. “Es un día triste para el Rangers. Mucha gente va a devolver sus abonos, no quiero ver un católico romano en Ibrox”. De esta forma expresaba un aficionado azul el disgusto de no pocos aficionados del Glasgow, que en los días posteriores quemaron bufandas, devolvieron sus abonos y algunos incluso se negaban a celebrar los goles, que no fueron pocos, de Johnston con la camiseta azul. En las inmediaciones del estadio se deposiaron coronas de flores; en una de ellas rezaba: “fin a 116 años de tradición”. Otro aficionado declaraba: “Nos hemos apañado bien sin ellos durante 100 años, no sé porqué debemos fichar católicos ahora”.


