Recuerdo la primera vez que vi jugar a Freddy Adu. Fue en la Copa Mundial de Fútbol Sub-17 de 2003 disputada en Finlandia. La Nike se había encargado días antes de este intrascendente campeonato de poner en marcha su impresionante maquinaria propagandística alrededor de un niño de tan sólo catorce años. En el campo sin embargo las maneras del jugador correspondían con creces a tanta expectación demostrada. Su figura achaparrada de apenas 1,70 se convertía en un derroche de potencia y velocidad al ponerse el movimiento. Y como suele suceder en estos casos, todos nos pusimos a soñar.
Recordabamos al mejor Ronaldo, tal vez a Weah pero nadie dudaba que ahí había un serio proyecto de crack en menos de cinco años. El futuro mesias que debía conducir a la selección estadounidense más allá del papel marginal que ocupa en estos momentos en el panorama internacional. Los cinco años se han cumplido ya, y Adu pese a que aún no ha cumplido los veinte ya acumula un rosario de decepciones y algún que otro fracaso en Europa. Tras su frustrante paso por una liga menor como la portuguesa en las filas del Benfica, la L1 y su cesión al Mónaco aparecían como oportunidad de oro. Un club debilitado y con problemas en la delantera, excelente ocasión para disfrutar de minutos. Aguardaba este año con expectación por saber si ésta podría ser la temporada de su consagración definitiva.


Boca lo tuvo casi hecho, pero finalmente no se concretó. El colombiano Juan Pablo Pino acaparó la mitad de las portadas de América Latina cuando hizo una jugada de ensueño ante Argentina al más puro estilo Diego Armando Maradona en el pasado Sudamericano sub 20 celebrado en Paraguay. El joven futbolista, por aquel entonces de Deportivo Independiente Medellín, dejó sentado a siete contrarios y le sirvió un gol en bandeja a un compañero. Se dispararon a partir de ese momento mil y una especulaciones en torno a su futuro destino y el Xeneize pareció tomar ventaja sobre todos los demás. De hecho, se dice que incluso su presidente Mauricio Macri se desplazó en helicóptero hasta Asunción para firmarlo. Finalmente no se cerró y lo que fue un chispazo de genialidad se fue apagando en el Sudamericano al igual que una selección colombiana que fue claramente de más a menos. 

