
El fútbol nos mostró esta noche en Montjuic, en lo que pudo ser el último derby catalán en este estadio, su cara más absurda y descarnada, los matices que hacen de este deporte el más apasionante pero también el que nos produce más desconcierto.
Por partes. En el aspecto estrictamente futbolístico, resulta increíble que el Barcelona se retirara al descanso perdiendo 1-0, tras una magnífica primera parte, plena de buen juego, de fútbol agresivo e inteligente, sólo falta del acierto rematador. En la globalidad del partido, el Espanyol tiró dos veces a portería, el Barça casi treinta. Se pueden repasar todas las estadísticas habidas y por haber, desde posesión de balón, córners, llegadas al área…lo que queramos, y al final resulta que el equipo azulgrana gana 1-2 con un rebote que favorece a Henry y con un penalty inexistente que marca Messi en el minuto 95. Al grupo de Guardiola ya le pasó ante el Numancia y el Racing, y por mucho que la Liga, una competición tan larga y justa cuando termina, sepa agradecer a los barcelonistas su propuesta, deben hacérserlo mirar internamente.



