No es normal que los problemas financieros sacudan a un equipo que tradicionalmente ha estado a la cabeza en cuanto a la gestión económica, y uno de los que antes y mejor comprendieron el valor del fútbol dentro del márketing internacional. Pero en las últimas semanas creció la preocupación de los aficionados del Manchester United por el estado económico del club, sobre cuyos dirigentes pesa la sospecha de haber “metido mano” a las arcas de la entidad, que incluso tras la multimillonaria venta de Cristiano Ronaldo, apenas ha logrado maquillar una deuda estratosférica de 800 millones de euros que generan unos intereses de 90 millones anuales.
Como posible solución a estos males se especuló en las últimas semanas incluso con la venta de los dos principales valores patrimoniales del club: Old Trafford y Wayne Rooney. En concreto, se habló del interés del Real Madrid por hacerse con los servicios del internacional inglés, principal arma de ataque de los diablos rojos tras la macha de Cristiano y Tévez, así como la aportación más discreta esta temporada de Berbatov y del recién llegado Michael Owen.


Tras presenciar la eliminatoria europea antes el FC Barcelona, se ha instalado en los medios y en la afición la idea de que el Manchester United no es para tanto, ni que su propuesta ofensiva merece tanto crédito.





