
Era una pieza básica en el mejor PSV de todos los tiempos, aquel equipo sorpresa que dibujo Guss Hiddink, que en la campaña 87/88 logró un triplete histórico con la conquista de la Champions, cargándose en semifinales al Madrid de la quinta del Buitre. Eric Gerets era un defensa formidable con una vocación ofensiva incontenible, un jugador de bandera que alcanzó la cúspide de su carrera cuando Van Breukelen sacó a relucir sus guantes en la final de 1988 ante Benfica.
Gerets fue un defensa derecho que marcó época, primero en su país, Bélgica, donde ganó dos ligas con el Standard, y después, ya con más de 30 años, en el PSV, equipo en el que militó hasta 1992, siete campañas. En el Philips Stadium colgó las botas a los 38 años con un palmarés envidiable en el equipo holandés: seis ligas, tres copas y una Copa de Europa. Ahora es uno de los técnicos de referencia en Francia y está peleando con argumentos por ganar su cuarta liga en un país diferente, después de haber campeonando en Bélgica, Holanda y Turquía.





