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10 junio 2008
A ritmo de Tango: River vuelve a disfrutar del peso de una copa, cuatro años después

River volvió a conjugar el verbo ganar después de cuatro años. Cuatro años más tarde en Núñez se desató la locura que desencadena el genuino sabor a victoria, la locura que provoca levantar un título anhelado, una locura especial después de casi un lustro de frustración, de desencantos y desencuentros, de crisis institucionales, de quemas de mitos como el mismísimo Passarella. River ganó sufriendo a Olimpo y esperó cinco minutos para cantar el alirón, cinco minutos de tensión, de radio escuchando lo que ocurría en La Plata. Estudiantes finalmente acababa empatando y Diego Simeone confirmaba su condición nata de ganador obteniendo su segundo torneo, haciendo bueno su estilo rocoso, basado en la psicología del triunfo.
Este Clausura es el del Cholo, sin duda. Sí, River no ha mostrado la elegancia que siempre se le exige por lo que fue y ya no es. Sí, River no ha encandilado e incluso ha habido momentos de verdadera tensión con sus hinchas. Pero ni siquiera el palo ante Boca y la derrota contra San Lorenzo desviaron al campeón. River fue regular, sin brío y sin alardes, pero regular. River sacó pecho en la última fase del campeonato, algo que le faltó a Estudiantes, que parecía que después de adjudicarse el clásico de La Plata iba a llevarse el gato al agua. Pero no, al Pincha le faltó ese descaro que le sobró en el Apertura de hace dos años cuando le levantó a los bosteros un título que era suyo.
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02 junio 2008
A ritmo de Tango: River derrocha coraje y roza el Clausura

Después de cuatro años perros colmados de frustración River puede volver a sonreír. Ayer desafió a la muerte en el Cementerio de los Elefantes, doblegando a Colón ante una y mil adversidades y tras el pinchazo de Estudiantes, cuando quedan dos jornadas para el final del Clausura, tiene el título a tiro, pues le saca dos puntos a los de La Plata. River dio una lección de coraje, exhibiendo sus jugadores la ya clásica filosofía de su técnico. Sí, los hombres de Simeone agarraron bien el cuchillo entre los dientes, no desesperaron pese a que el comienzo invitaba al pesimismo y se acabaron llevando el gato al agua gracias al extremo pundonor mostrado en el campo.
A Simeone se le pueden echar en cara muchas cosas. No se portó bien con Estudiantes, porque hizo lo contrario que pedía a sus hombres. River no juega un fútbol rico en alardes y el fichaje que tanto reclamó, ese Loco Abreu que no desquicia a nadie, aporta bien poco… Pero Simeone es un ganador, de eso no hay duda. Tuvo que llegar el Cholo para que River volviera a creer. Es un ganador con personalidad. Escasos entrenadores hubieran mantenido a Ahumada en la titularidad tras la espectacular rajada que hizo el mediocentro de los hinchas millonarios, después del decepcionante tropiezo en la Libertadores. Pero Simeone lo mantuvo y ayer el jugador le devolvió la mano haciendo un partidazo, rociando de garra a un equipo que pese a jugar con uno menos la mayor parte del encuentro no dejó de creer. El que alimentó la esperanza fue Ortega, el mito que resiste al desgaste del inexorable paso del tiempo. Simeone lo puso desde el principio, porque el Burrito se lo venía ganando. El diez se lo agradeció con una magistral asistencia, seguramente la mejor del torneo, a Villagra, que supuso el 0-1. A partir de ese momento, dado el empate que cosechaba Estudiantes ante Huracán, el Clausura comenzó a virar hacia Núñez.
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08 octubre 2007
A ritmo de Tango: Delicioso Burrito en el Superclásico

Es lo que tiene el fútbol. El fútbol fabrica diablos y también ángeles. El fútbol a veces levanta a los caídos y les da alas para que vuelen. El fútbol ilumina en ocasiones a aquellos que andan en la penumbra. Ayer el fútbol lo hizo con Ortega, que en los últimos años ha estado demasiado a la sombra, a merced de los grados del alcohol que ingería y que en el Monumental recobró su grandeza, como si los años nunca hubieran pasado, como si fuera aquel chiquillo que asombraba a propios y extraños a principios de los noventa con la banda sangre en el pecho. Sí, Ariel volvió a ser figura en Núñez, en una gran cita. Ariel volvió a echar abajo Núñez, de nuevo arrancó los olés de las plateas desbocadas, a herir a Boca y dar a River una victoria que necesitaba como el comer. Ariel retornó para ser líder y darle a Passarella su última oportunidad, porque la derrota de Independiente deja al Millo a sólo seis puntos del liderato y en este Apertura loco puede pasar cualquier cosa.
Ortega es como los grandes toreros. Tiene tardes negras, pero cuando cuenta con su día deleita con sus capotazos. Ayer mostró todo su talento, exhibió su fútbol creativo, repartió juego en el centro, asistió, siempre respaldado por Ahumada, muy bien en la contención. Ortega se creció. Ortega dribló, gambeteó, levantó a la gente de sus asientos, jugó con la inteligencia y madurez que le han aportado los años y con el descaro de su juventud. Al son del Burrito River apabulló a Boca desde el principio. Así llegó el primero, con un pase de Belluschi a Falcao. Enorme el colombiano definiendo con un zurdazo ante el que Caranta nada podía hacer y prolongando su inmaculado estado de gracia.
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20 marzo 2007
A ritmo de Tango: La tarde de Guillermo y de su amigo Palermo
Este fin de semana dejó muchas cosas interesantes en el fútbol argentino. Martín Palermo volvió a marcar. Si la semana pasada hizo un hat trick, en esta ocasión le metió cuatro a Gimnasia en la Bombonera. Boca destrozó al Lobo, así se conoce al conjunto de la Plata archirival de Estudiantes, merced a la gran puntería de Martín, quien en quince minutos ya había gritado tres veces gol. Reconocido hincha del Pincha, el Loco disfrutó como un enano machacando a su mayor enemigo, pero incomprensiblemente, no fue el que se llevó la mayor ovación de la tarde. No, no fue él ni tampoco Juan Román Riquelme. Fue un amigo, que no está pasando por su mejor momento y que hoy por hoy es el ídolo del sentimiento Bostero.
Guillermo Barros Schelloto es una vieja gloria de Boca que todavía quiere disfrutar del fútbol. En su día formó la delantera asesina del equipo campeón de Bianchi, junto a Riquelme y Palermo. No obstante, con el primero acabó peleado. Con Palermo, en cambio, mantiene intacta su amistad y es Martín ahora uno de sus principales apoyos en el vestuario. Guillermo creció en Gimnasia La Plata como futbolista. Allí comenzó a deslumbrar y a finales de los noventa recaló en La Bombonera. En Boca se convirtió en uno de los líderes de un equipo ya mítico que se fue desmigando poco a poco. En cambio, el Mellizo, como es conocido, no dejó el Xeneize a diferencia de otros compañeros y con el tiempo se ha convertido en el auténtico ídolo de la afición.
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