
Manchester y Chelsea se jugaban la Premier el pasado sábado en el campo del segundo. Era un partido esperado, un cruce decisivo… Pero, aunque cueste creerlo, había vida más allá de Standford Bridge en la capital de la isla donde comenzó todo. Londres es una ciudad de muchos equipos y este sábado, en la zona Este, en Upton Park, regresaba un ídolo, verdadero centro de atención para unos hinchas que alientan movidos por una devoción que está más allá del ganar o perder porque siempre han alentado y casi nunca han saboreado la victoria.
Hablo del West Ham, obviamente. Se medía ante el Newcastle, los dos equipos están salvados, a priori era un choque en el que no había nada en juego. Pero las gradas estaban colmadas, con 4.000 hinchas del Newcastle dando colorido. Resulta difícil explicar cómo se puede dar un desplazamiento tan masivo en un choque tan intrascendente. Supongo que son cosas del fútbol inglés. Lo cierto es que en la previa del choque había mucha expectación en las confluencias del campo. Los días de partido la calle Green Street es un hervidero de pasión que conecta la parada de metro de Upton Park con el estadio que lleva el mismo nombre. Es un equipo de barrio, de familias, de padres e hijos… Y todos ellos tenían un motivo para sonreír. Todos hablaban del mismo tema, en los principales pubs, como el Queen’s o el Village, el nombre de Paolo di Canio no cesaba de pronunciarse.



